lunes, 7 de enero de 2013

Editorial Nº 15

Tengo ante mis ojos el último número de Lilith. Corresponde a julio de 2010. Pasaron más de dos años sin salir a la cancha y la dureza de los músculos se hace notar. Muchos y diversos fueron los motivos de esta ausencia -que temo crónica-, entre otros, la escasez de colaboradores que salgan a caminar la revista, esos amantes de la cultura que, sin participar necesariamente de la creación artística, la hacen posible. Lo que yo llamo el hecho militante. Veintiocho meses y el teatro guarda casi la misma escenografía: siguen faltando muchos personajes, entre ellos, Julio López y Luciano Arruga.
Pero no todo es negativo. Este año se cumplieron 40 años de la masacre de Trelew, cuando la marina fusiló a 19 presos políticos, escapados del penal de Rawson, con la burda excusa del intento de fuga. Hoy, algunos de ellos fueron condenados a perpetua. Un luchador popular, preso en aquella cárcel de máxima seguridad, decidió no evadirse pero colaboró activamente con el plan: el sindicalista Agustín Tosco, quien sostenía que “hay momentos en que el pueblo sintetiza en la acción los pasajes más significativos de su historia”, y comprendió que ese ejemplo de unidad de las organizaciones populares revolucionarias era parte de esa síntesis superadora para lograr los sueños de felicidad de tantos explotados a través de los años, de aquellos anarquistas y socialistas que enfrentaron la injusticia en episodios como la Semana Trágica o esos peronistas que, con iguales anhelos, forjaran el 17 de octubre del 45, todos contra un mismo enemigo.
Sin embargo, entre tantas otras deudas, la desigualdad social persiste como una constante. Más allá de algunas medidas que celebramos, no se ataca el mal de raíz. La droga adormece el dolor, pero sin tratamiento el cáncer avanza irremediablemente. La presidenta declaró que “los empresarios la llevan en pala” ¿no será hora que la empiecen a llevar con el sudor, como tantos hijos de esta tierra que dejan lo  mejor de su vida por acercar el sustento a sus hogares? Tal vez, de esa manera, la torta se reparta más  equitativamente y las mineras, sojeras y terratenientes dejen de envenenarnos y asesinarnos; quizás así los originarios logren un lugar digno y en paz, donde desarrollar su cultura en la elección de no entrar en el mercado, como ciudadanos antes que consumidores.
Alberto Morlachetti, coordinador del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo, escribe: “El Hambre es un crimen. Hay que detenerla. Sí o sí. Porque en nuestro país no faltan ni alimentos, ni platos, ni madres, ni  médicos, ni maestros, faltan en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural...” y agrega “la infancia es el principal recurso natural no renovable de nuestro país”.
Fuimos el granero del mundo. El dramaturgo Luis Cano, en su obra Blancos posando, dice: “Es más fácil convivir con los recuerdos. Nadie que pida nada a cambio”, ¿nos conformaremos con ese pasado, mientras hipotecamos el futuro? Mucho se habla de la inseguridad. Desde la derecha se especula con ello para construir una sociedad paranoica, de puertas adentro, embarrotada y armada. Nosotros sabemos que la inseguridad, o está orquestada o proviene de causas perfectamente solucionables, tan sencillas como ofrecer trabajo, educación y dignidad. Por eso luchaban aquellos evadidos de Trelew, esa deuda debe saldarse hoy. Tomás Rodríguez Arias, en 1971 escribía el poema Lamento: “Noche/ Sábado/ Las mujeres maquillan sus rostros/ los hombres miden las posibilidades de conquista/ los disfraces se descuelgan del ropero/ se hace un recuento del dinero disponible/ cine taxi cena colectivo// ¿Quién espera la revancha/ excluido del juego?”.

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